D i a r i o  d e  M i s  F l o r e s

 

28 Marzo, 2016

    Por fin llegó la tan deseada primavera y con ella, la época de siembra de las plantas que nos proporcionarán flor desde Mayo hasta Octubre. A partir de ahora, todo va a más. ¡Empieza la fiesta y Marzo es la anfitriona perfecta!

Como ya os expliqué en Enero, existen dos grandes grupos de flores:  las flores vivaces, que una vez plantadas brotan todos los años en primavera y las  anuales,  cuyo cliclo de vida es de un año con lo que hay que sembrarlas todos los años. Recordad que dentro de esta  gran familia están las "hardy" ó "duras" que aguantan las heladas del invierno y en consecuencia se han podido sembrar también en otoño; y las "half hardy" ó "semi duras" que no sobrevivirían al invierno.  Son precisamente estas las que solo se pueden sembrar  ahora, al inicio de  la primavera. 

 

Y por supuesto no nos podemos olvidar de  "las reinas de la fiesta", mis amadas dahlias,  "bichos raros" pero exquisitos que se salen de la norma y a las que dedicaré un monográfico en Abril que es cuando plantaré sus tubérculos.  Tubérculos que iré a buscar personalmente a Inglaterra,  aprovechando un viaje fascinante en el que visitaré los maravillosos jardines de la zona de Cornualles, donde asistiré a un curso muy específico de arreglos florales para bodas con "The Garden Gate Flower Company". Ellas también son granjeras y siembran sus propias flores. Os recomiendo que las echéis un vistazo. ¡Son estupendas!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero no nos adelantemos a los acontecimientos y  centrémonos en el tema de hoy:  la siembra de semillas.  Os diré que  ya que me voy a "liar la manta a la cabeza" aprovecharé el follón para sembrar  también otra ronda de "hardys" y así disfrutar de sus flores en los meses del verano,  prolongando  en el tiempo su floración.​

La siembra de nuestras apreciadas flores no tiene ningún misterio.  Eso si, es necesario y muy importante ser metódica, perseverante y paciente.  Y por supuesto dedicarse a ello con mucho amor.  Estoy aprendiendo muchas cosas en este nuevo oficio que ocupa mis días,  pero una de las más importantes, precisamente porque es extrapolable, y muy beneficiosa, a nuestra forma de habitar el mundo, es la paciencia.  

 

Hay que seguir las instrucciones de siembra de cada planta llevando un diario de a bordo y esperar sin agobios a que acontezca el milagro.  Aquí no sirven de nada las prisas porque el resultado no depende de la ¡santísima voluntad de una!, ¿Os suena? Ja ja, (parece que estoy escribiendo un tratado de psicología pero no, estamos hablando de la siembra). Algunas semillas brotan en muy poco tiempo y otras tardan mucho más.  Algunas necesitan oscuridad absoluta y otras luz para germinar.  Y así, suma y sigue. 

 

Cada planta tiene su proceso y hay que saber respetarlo confiando en que este " llegará a buen puerto".  A veces,  ni siquiera germinan, otras veces brotan demasiado rápido desarrollando tallos demasiado largos y frágiles que acaban marchitándose antes "de que cante un gallo".  Si observas y reflexionas te darás cuenta que todo esto obedece a errores muy comunes que tod0s cometemos al principio, pero como suele ocurrir, aprendemos haciendo.​

Empezamos seleccionando los ingredientes adecuados: tierra de siembra permeable y con alta capacidad de drenaje, vermiculita para cubrir las  semillas y  bandejas de plástico compartimentadas, lo que viene a llamarse "semilleros".  Ahh y  unas tijeras afiladas porque veces conviene dividir los semilleros en módulos que agrupen las diferentes flores..

 

 

Para empezar llenamos las estructuras de plástico con la tierra asegurándonos de que esta no tenga mucho grumo ó piedrecitas.  Pensad que las semillas son muy pequeñas y lo mejor será potenciar su germinación evitándolas obstáculos innecesarios.

 

 

Os podré parecer una snob pero "Cada maestrillo tiene su librillo" y a mí me gusta trabajar con una cuchara de plata que tiene el tamaño perfecto (ni muy grande ni muy pequeña) para acabar de rellenar  los semilleros con la  tierra.

Después de hacer un par de cálculos y decidir cuantas celdas dedicaremos a cada planta empezaremos a colocar unas cuantas semillas sobre la tierra en sus celdas.  Algunas semillas son tan pequeñas que te vuelves bizca pero hay que tener paciencia y buena vista ó unas eficaces gafas de ver. 

Estas se cubrirán con vermiculita.  Transcripción literal del paquete:  "procede de un mineral natural del grupo de los filosilicatos con gran capacidad de retención de agua y de elementos nutrientes.  Es un producto muy ligero que permite la fácil germinación de la semilla".  Os aseguro que después de este gran descubrimiento ya no cubro las semillas con tierra.  ¡Y nos ha cambiado la vida: a mí y a mis semillas!

Antes de continuar con el "ritual" es importante identificar adecuadamente los semilleros con el nombre de la planta que  acabamos de sembrar.  Parece una tontería,  pero os aseguro que cuando acabas con  la casa ó el invernadero empantanados con cientos de bandejas de plástico negras con vermiculita blanca,  la falta de información sería un caos. 

Para evitar que el agua desparrame las pequeñas y frágiles semillas, las regaremos a través de la base de los semilleros. Yo suelo utilizar mis bandejas de horno que tienen el tamaño y la profundidad perfectas.    ¡Una imagen vale más que mil palabras!​

Cuando la vermiculita cambia de color a un gris más oscuro sabemos que ya están listas. Nos  las podremos llevar a la "incubadora".  En mi caso,  el dormitio de invitados se transforma en estas fechas en el habitáculo perfecto para acoger los semilleros. Como anteriormente os comenté,  algunas semillas necesitan luz y otras oscuridad para germinar pero todas reaccionan a la misma temperatura: entre 21 a 24 °C .

A partir de este momento ya solo toca esperar y asegurarnos de que no se nos sequen los semilleros regándolos con el mismo sistema cuando sea necesario y hasta que los brotes estén fuertes.

Nuestras semillas tardarán entre 5 y 15 días en germinar.  En cuanto esto ocurra tendremos que bajar la temperatura ambiente a unos 15 °C y ponerlas a plena luz.  En mi caso pasarán a alojarse  en el baño de invitados donde tienen unas buenas ventanas orientación sur que les proporcionan chorros de luz.

Y llegados a este punto ya podemos empezar a relajarnos.  ¡Hemos superado la parte  más difícil!  Pero... ¡ojo! no hay que bajar la guardia.

 

Mientras observamos su crecimiento, hay que estar muy pendientes de ellas: que no se sequen, que tengan la temperatura  y luz adecuadas, etc.. A medida que van creciendo, en algunos casos, será necesario transplantarlas a tiestos un poco más grandes y esperar a principios de Mayo para plantarlas en el huerto cuando estén lo suficientemente fuertes y el clima lo permita. 

 

Volveré muy pronto con un monográfico de mis flores anuales favoritas.  Mientras tanto,

¡a ejercitar la paciencia!.